viernes, 2 de noviembre de 2012

El consumo regular de kiwis ayuda a mantener activo el sistema inmunológico y supone una ayuda eficaz para combatir el estreñimiento. La variedad amarilla o «gold» posee más calorías, pero contiene más ácido fólico, vitamina E y sabor dulce que el verde La llegada del otoño y la consiguiente bajada de temperaturas supone un ataque directo a la salud en forma de resfriados y gripes. Por ello, mantener activo el sistema inmunológico es la mejor garantía para enfrentarse a cualquier tipo de infección y, en este sentido, los cítricos se convierten en el mejor aliado. Frente a la clásica naranja, el pomelo o el limón, el kiwi puede satisfacer las demandas de vitamina C que el cuerpo necesita. «Aporta casi el doble de vitamina C que una naranja y el triple que un limón, vitamina E que actúa como un potente antioxidante, ácido fólico aconsejable en embarazo y en periodos de anemia. Además, contiene un alto porcentaje de fibra, entre uno y dos gramos, tanto soluble como insoluble, y una enzima, la actinidina, que va a favorecer la digestión de las proteínas y a facilitar el tránsito intestinal, lo que va a prevenir el estreñimiento», recuerda la doctora y especialista en Nutrición María Teresa Barahona. Resguardo Tomar un kiwi a diario ayuda, según el doctor Vicente Orós Espinosa, miembro del Grupo de Nutrición de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), «a proteger los epitelios de las vías respiratorias frente a las inclemencias del tiempo y los ataques de virus propios de las estaciones frías». A la hora de consumir esta fruta, la variedad verde es la más popular en los supermercados, pero también hay otras como el amarillo o «gold», que cuenta con propiedades desconocidas para el consumidor. «El amarillo tiene más calorías: 72 por cada cien gramos frente a las 55 del verde, y es más rico en ácido fólico y vitamina E», explica Barahona. En la misma línea se sitúa Concepción Maximiano Alonso, vocal de la Asociación de Dietistas-Nutricionistas de Madrid (Addinma), quien añade que «el amarillo, además, tiene más poder antioxidante que el verde». Mejora cardiovascular Precisamente, según un estudio realizado por el Hospital Universitario de Oslo (Noruega) a principios de este año y publicado en la revista «Journal of Human Hypertension», el consumo habitual de kiwis, hasta tres al día, podría reducir la tensión arterial y, por tanto, beneficiar al sistema cardiovascular. En concreto, de los dos grupos en los que se dividió a los participantes –uno de los grupos tomaron tres kiwis al día y el otro una dieta rica en antioxidantes–, los que consumieron kiwi redujeron hasta 10 mm/Hg (milímetros de mercurio) la presión sistólica y 9 mm/Hg la diastólica. El kiwi es una de las pocas frutas por no decir la única que mantiene, a diferencia de otras, el color verde incluso estando madura. Para Manuel Moñino, secretario del comité científico de la Asociación para la Promoción del Consumo de Frutas y Hortalizas «5 al día», «a parte de sus características sensoriales diferenciadas, en el verde destaca su aporte de un tipo de fitoquímicos de la familia de los carotenoides como luteína –compuesto bioactivo que tiene una acción antioxidante y que está relacionado con la salud ocular– y clorofila, que da el color verde característico de esta fruta, mientras que en el amarillo predomina otra variedad de carotenoide que confiere el color dorado». Hay que tener en cuenta que el consumo de kiwi puede tener sus limitaciones. «Es una fruta potencialmente alergénica, por lo que su consumo debería estar limitado o evitarlo en personas con otras alergias o niños», advierte Barahona. Asimismo, no hay que olvidar que «por su contenido en potasio se recomienda no incluirlo en la dieta de personas con insuficiencia renal o aquellas que deban prescindir de dicho mineral», concluye Maximiano. LaRazon.es

Un análisis simple de sangre puede indicar si una mujer tiene riesgo de desarrollar cáncer de mama incluso dos décadas antes del desarrollo de la enfermedad, dicen científicos.

El avance fue llevado a cabo después de que los científicos del Hospital Brigham y de Mujeres en Boston y la Escuela Médica de Harvard, Estados Unidos, se dieron cuenta de que las mujeres postmenopáusicas con altos niveles de ciertas hormonas tenían dos veces más riesgo de desarrollar la enfermedad.

Y estos niveles hormonales, dicen, pueden detectarse hasta 20 años antes de que surjan los síntomas.

Las mujeres que están en riesgo son las que tienen niveles altos de estradiol, una hormona sexual femenina, de testosterona y una hormona secretada por las glándulas suprarenales, la dehidroepiandrosterona (DHEA).

La nueva prueba, expresan los investigadores, podrá usarse junto con otros factores de riesgo, como el historial familiar, para que estas mujeres tengan mejores probabilidades de recibir un diagnóstico y tratamiento adecuados para detectar la enfermedad en sus etapas más prematuras.

El doctor Xuehong Zhang y su equipo analizaron los datos clínicos de casi 800 mujeres que habían sido diagnosticadas con cáncer de mama entre 1989 y 2002.

Las mujeres estaban participando en el Estudio de Salud de Enfermeras, un sondeo nacional de salud de la mujer que se lleva a cabo en el hospital desde hace varias décadas.

Todas habían pasado ya la menopausia cuando el estudio comenzó en 1989 y ninguna había recibido terapia hormonal.

Identificación de tumor

"Estamos ahora evaluando si el análisis de nivel hormonal junto con los actuales modelos de predicción pueden mejorar sustancialmente nuestra capacidad para identificar a las mujeres de alto riesgo "
Dr. Xuehong Zhang

 

Los investigadores sometieron a las participantes a dos pruebas de sangre hormonales: una al inicio del estudio y otra al final, dos décadas después.

También llevaron a cabo análisis de sangre en otras 1.600 mujeres del mismo estudio que no habían desarrollado cáncer de mama.

Posteriormente compararon los resultados de ambos grupos de participantes.

"Encontramos que un solo nivel hormonal estaba asociado al riesgo de cáncer de mama durante entre 16 y 20 años entre las mujeres postmenopáusicas que no usaban hormonas postmenopáusicas", afirma el doctor Zhang.

Los resultados mostraron que las mujeres con los niveles más altos de las tres hormonas: estradiol, testosterona y DHEAS, tuvieron entre 50 y 107% más probabilidades de desarrollar cáncer de mama que aquellas con los niveles más bajos.

También se vio que las mujeres con los niveles hormonales más altos desarrollaron la forma más agresiva de la enfermedad, con recurrencia o muerte.

Y al investigar si estos niveles altos de hormonas estaban vinculados a formas específicas de cáncer de mama, encontraron que sí.

"Alto riesgo"

Los niveles altos de estradiol incrementaban el riesgo de una mujer de desarrollar el llamado cáncer de mama con receptor hormonal positivo, específicamente de tumores con receptor de estrógeno positivo (ER+) y con receptor de progesterona positivo (PR+).

Según el doctor Zhang este hallazgo es importante porque se puede identificar el tratamiento correcto para cada paciente.

"Nosotros y otros investigadores estamos ahora evaluando si el análisis de nivel hormonal junto con los actuales modelos de predicción pueden mejorar sustancialmente nuestra capacidad para identificar a las mujeres de alto riesgo que podrían beneficiarse de más escrutinios o de terapias de prevención".

"Si es así, esto sugiere que los niveles de hormonas deberán medirse en la clínica más de una vez cada 10 o quizás 20 años", agrega.

Los detalles de la investigación serán presentados durante la Conferencia Internacional de la Asociación Estadounidense para la Investigación de Cáncer (AACR) que se celebrará en Washington.

Recientemente científicos británicos anunciaron que desarrollaron una prueba de sangre que puede detectar un tumor de mama de forma más precisa que una mamografía.

Se informó que el análisis puede identificar marcadores en el ADN que indican la presencia de cáncer de mama.

Los investigadores de la Universidad de Leicester, el Imperial College de Londres y la organización Cancer Research Uk, comenzaron un ensayo clínico en un hospital de Londres para confirmar su efectividad.

BBCMundo

Comentarios

Toda la vitamina C en una sola ración

El consumo regular de kiwis ayuda a mantener activo el sistema inmunológico y supone una ayuda eficaz para combatir el estreñimiento. La variedad amarilla o «gold» posee más calorías, pero contiene más ácido fólico, vitamina E y sabor dulce que el verde La llegada del otoño y la consiguiente bajada de temperaturas supone un ataque directo a la salud en forma de resfriados y gripes. Por ello, mantener activo el sistema inmunológico es la mejor garantía para enfrentarse a cualquier tipo de infección y, en este sentido, los cítricos se convierten en el mejor aliado. Frente a la clásica naranja, el pomelo o el limón, el kiwi puede satisfacer las demandas de vitamina C que el cuerpo necesita. «Aporta casi el doble de vitamina C que una naranja y el triple que un limón, vitamina E que actúa como un potente antioxidante, ácido fólico aconsejable en embarazo y en periodos de anemia. Además, contiene un alto porcentaje de fibra, entre uno y dos gramos, tanto soluble como insoluble, y una enzima, la actinidina, que va a favorecer la digestión de las proteínas y a facilitar el tránsito intestinal, lo que va a prevenir el estreñimiento», recuerda la doctora y especialista en Nutrición María Teresa Barahona.

Resguardo
Tomar un kiwi a diario ayuda, según el doctor Vicente Orós Espinosa, miembro del Grupo de Nutrición de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), «a proteger los epitelios de las vías respiratorias frente a las inclemencias del tiempo y los ataques de virus propios de las estaciones frías».

A la hora de consumir esta fruta, la variedad verde es la más popular en los supermercados, pero también hay otras como el amarillo o «gold», que cuenta con propiedades desconocidas para el consumidor. «El amarillo tiene más calorías: 72 por cada cien gramos frente a las 55 del verde, y es más rico en ácido fólico y vitamina E», explica Barahona. En la misma línea se sitúa Concepción Maximiano Alonso, vocal de la Asociación de Dietistas-Nutricionistas de Madrid (Addinma), quien añade que «el amarillo, además, tiene más poder antioxidante que el verde». 

Mejora cardiovascular
Precisamente, según un estudio realizado por el Hospital Universitario de Oslo (Noruega) a principios de este año y publicado en la revista «Journal of Human Hypertension», el consumo habitual de kiwis, hasta tres al día, podría reducir la tensión arterial y, por tanto, beneficiar al sistema cardiovascular. En concreto, de los dos grupos en los que se dividió a los participantes –uno de los grupos tomaron tres kiwis al día y el otro una dieta rica en antioxidantes–, los que consumieron kiwi redujeron hasta 10 mm/Hg (milímetros de mercurio) la presión sistólica y 9 mm/Hg la diastólica.

El kiwi es una de las pocas frutas por no decir la única que mantiene, a diferencia de otras, el color verde incluso estando madura. Para Manuel Moñino, secretario del comité científico de la Asociación para la Promoción del Consumo de Frutas y Hortalizas «5 al día», «a parte de sus características sensoriales diferenciadas, en el verde destaca su aporte de un tipo de fitoquímicos de la familia de los carotenoides como luteína –compuesto bioactivo que tiene una acción antioxidante y que está relacionado con la salud ocular– y clorofila, que da el color verde característico de esta fruta, mientras que en el amarillo predomina otra variedad de carotenoide que confiere el color dorado».

Hay que tener en cuenta que el consumo de kiwi puede tener sus limitaciones. «Es una fruta potencialmente alergénica, por lo que su consumo debería estar limitado o evitarlo en personas con otras alergias o niños», advierte Barahona. Asimismo, no hay que olvidar que «por su contenido en potasio se recomienda no incluirlo en la dieta de personas con insuficiencia renal o aquellas que deban prescindir de dicho mineral», concluye Maximiano.

LaRazon.es


La importancia de dormir bien para aprender

Un equilibrio entre el tiempo que se invierte al estudio y el descanso nocturno influye en el rendimiento académico Estudiar en el último momento o no dormir la noche antes del examen puede ser contraproducente. Los expertos señalan que un tiempo adecuado de sueño y descanso ayudan a retener más los conocimientos adquiridos. Investigaciones recientes, incluso, sugieren que es posible aprender mientras se duerme. En este artículo se describen por qué la memoria de lo aprendido aumenta en los estudiantes que duermen las horas adecuadas y qué elementos ayudan a que el proceso de trabajo sea óptimo.

Para estudiar más no es beneficioso sacrificar el descanso nocturno y, menos, hacerlo antes de un examen. Al contrario, suele ser contraproducente, ya que el rendimiento óptimo se logra cuando hay un equilibrio entre las horas dedicadas al estudio y al dormir según los resultados de un trabajo reciente llevado a cabo en la Universidad de California en Los Ángeles (EE.UU.). Aunque no significa que no haya que estudiar, sino que hay que tener en cuenta que las horas de sueño pueden ser determinantes para el éxito académico.

Así pues, este dato confirma que parte del éxito se debe a la estrategia de estudio que se sigue. Lo importante es fijar un horario para trabajar que permita poder descansar durante la noche. Si uno no se lo salta, no será necesario este malogrado sobreesfuerzo final.

Dormir para retener lo aprendido

Las regiones cerebrales implicadas en el almacenaje de la memoria no funcionan de manera adecuada durante la falta de sueño

Investigaciones anteriores ya habían constatado que lo aprendido se retiene mejor si se duerme justo después de hacerlo. Un trabajo de la Universidad estadounidense de Notre Dame señalaba que la memoria de lo aprendido era superior en los que habían dormido justo después de estudiar, respecto de los que habían dormido tras un día de vigilia.

Otro estudio presentado durante la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, en 2010, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de California en Berkeley, confirma que una de las principales funciones del sueño es la de "limpiar" la memoria a corto plazo para dejar sitio libre para más información. Según el análisis, los recuerdos de los hechos del día se almacenan de forma temporal en el hipocampo y después se envían a la corteza prefrontal, que es probable que disponga de más capacidad. Los autores concluían que una noche sin dormir puede reducir la capacidad de asimilar conocimientos en casi un 40%, ya que las regiones cerebrales implicadas en el almacenaje no funcionan de forma correcta durante la falta de sueño.

Las mejores horas para estudiar y dormir

Muchas de las personas que estudian por la noche dicen hacerlo porque se concentran mejor, rinden más y tienen menos interrupciones y distracciones. Un trabajo de 2008 del Hospital Quirón de Valencia desbancó esta arraigada costumbre en muchos alumnos. Las conclusiones de la investigación indicaban que las mejores horas para estudiar se sitúan alrededor del mediodía y entre las 4 y las 5 de la tarde. De hecho, muchos especialistas aseguran que el periodo de máximo aprovechamiento coincide con la mañana, decrece a lo largo de la tarde y, sobre todo, de la noche, por lo que conviene trabajar la mayor parte de la materia al comienzo del día y dejar el repaso o la tarea más fácil para la última hora de la jornada.

Para determinar estas horas, los investigadores valencianos se basaron en el reloj biológico de 632 niños y, a partir de este ritmo circadiano determinaron las horas de mayor y de menor concentración. Según los expertos, y aunque podría parecer lo contrario, las primeras horas del día no son las más adecuadas para el estudio, puesto que aún se está bajo los efectos del sueño (los escolares del trabajo mostraron grandes dificultades para mantenerse despiertos). Asimismo, el informe resaltaba que incluso las personas que duermen ocho horas al día no manifiestan una mayor capacidad de atención durante las primeras horas.

Más allá del reloj biológico, hay otras razones por las que se deben evitar las últimas horas del día al estudio:

  • El cerebro está cansado y trabaja con menor rendimiento. Tomar estimulantes para mantenerse despierto crea una falsa sensación de estar despierto, pero en realidad el celebro  no está en el mejor estado para retener.
  • Es difícil dormir bien tras estar sometido a la presión del estudio o después de haber tomado algún estimulante. Y si no se descansa bien, es difícil rendir el día siguiente. Lo idóneo es acostarse relajado, sin tensiones y con el trabajo hecho.
  • Estudiar a primera hora de la tarde permite dar respuesta a cualquier imprevisto, por ejemplo, que una materia resulte más complicada de lo que uno se pensaba.

Descanso, comodidad y repaso: las claves para el estudio

Más allá de buscar una franja adecuada para el estudio, hay otros consejos que permitirían realizar la tarea con menos esfuerzo y cansancio.

Prestar atención a las características del ambiente de trabajo es uno de ellos. Según los expertos, el lugar debe invitar a la concentración y evitar la dispersión (frente a una pared o ventana sin vistas), con un ruido ambiental mínimo, una buena iluminación y ventilación correcta. Es importante evitar posturas inclinadas para minimizar la fatiga; es mejor sentarse en una silla regulable y con apoyo lumbar.

También hay que controlar la fatiga psíquica, ya que la atención máxima se limita a 45 minutos. La concentración se vuelve muy difícil cuando pasan dos horas. Por este motivo, los expertos advierten que los estudiantes deben descansar diez minutos cada hora. Tomar estimulantes, que generan mayor atención y sensación de aprovechar el tiempo, solo oculta el cansancio.

Por último, además de comprender lo que se estudia, se aconseja realizar al menos dos repasos, para facilitar la retención de los conocimientos adquiridos.
Consumer Eroski

Los médicos británicos se someterán a una reválida cada cinco años

Los médicos británicos se someterán a una evaluación anual que medirá su rendimiento y cada cinco años tendrán que ser revalidados para seguir ejerciendo, según ha anunciado el ministro de Sanidad, Jeremy Hunt. Esta medida, que entrará en vigor a partir de diciembre de forma progresiva, se considera la mayor reforma de la legislación médica del Reino Unido en más de un siglo.

A partir de los resultados de las evaluaciones anuales, el Colegio General de Médicos (GMC, en sus siglas en inglés) decidirá cada cinco años qué profesionales pueden seguir ejerciendo y cuáles no. En España no existe ningún sistema similar para evaluar la acción de los médicos una vez que estos adquieren su título de especialista vía MIR.

Con esta prueba, el Gobierno británico pretende abordar las determinadas "deficiencias" de conocimientos identificadas en una minoría de los 220.000 médicos del país y darles la oportunidad de reforzar las áreas en las que hayan obtenido peores resultados, según explicó Hunt.

En su opinión, la mayoría de los doctores del Reino Unido "hace un trabajo brillante", pero las encuestas del ministerio revelan que un 0,7 % rinde por debajo de lo esperado, un porcentaje que Hunt considera "significativo".

En la actualidad, no existe ningún sistema obligatorio que evalúe el rendimiento de los médicos británicos, una situación que se había comparado con la de los pilotos de las aerolíneas, que sí se someten a reválidas frecuentes. El director general del Colegio General de Médicos, Niall Dickson, ha calificado esta reforma de "momento histórico" y consideró que con ella mejorará la calidad del sistema.

La Asociación Médica Británica (BMA, en sus siglas en inglés) también ha aplaudido la medida, pero ha recordado que los doctores ya ofrecen a sus pacientes un "servicio de alta calidad".

"Hay demasiada burocracia en el Servicio Nacional de Salud por lo que tenemos que tener cuidado de que esta reválida no la incremente innecesariamente", advirtió el director del Consejo de la BMA, Mark Porter

ElMundo.es

Demuestran los beneficios de la radioterapia tras la cirugía en cáncer de próstata

Estos resultados a largo plazo nos tranquilizan sobre la prestación continua y la seguridad de la terapia de radiación después de la prostatectomía para una gran proporción de hombres con cáncer de próstata, localmente avanzado o de alto riesgo", explica Michel Bolla del Centro Hospitalario Universitario A Michallon, Francia, que lideró la investigación que este viernes publica la revista 'Lancet'. "También sugieren que los pacientes más jóvenes y aquellos con márgenes quirúrgicos positivos tienen más probabilidades de beneficiarse de la radioterapia inmediata, mientras que en los adultos mayores (70 años de edad o más) podría tener efectos perjudiciales", dice Bolla.

   A nivel mundial, el cáncer de próstata es el segundo cáncer más común en los hombres después del cáncer de pulmón. Uno de los principales tratamientos consiste en la extirpación de la próstata, pero para los pacientes cuyo cáncer se ha diseminado fuera de la próstata, el riesgo de recurrencia puede ser del 10%. Un ciclo de radioterapia se prescribe a menudo para mejorar los resultados.

   Bolla y su equipo siguieron a 1.005 pacientes con cáncer de próstata de alto riesgo durante más de 10 años, para examinar el efecto de la radioterapia postoperatoria inmediata (dado en un plazo de 4 meses después de la cirugía) contra el método de conducta expectante hasta los primeros signos de recurrencia de la enfermedad.

   Incluso después de 10 años, los hombres que recibieron radioterapia después de la cirugía inmediata todavía tenían, bioquímicamente, mucha mejor supervivencia libre de progresión en comparación con aquellos que sólo fueron controlados, sin diferencias significativas en la toxicidad grave. También tenían un control sustancialmente mejor y eran menos propensos a necesitar terapia hormonal, que puede tener efectos secundarios después de un uso prolongado.

   Pero en contraste con la diferencia inicial (a 5 años), los resultados clínicos de supervivencia libre de progresión (en los que la enfermedad no se ha extendido a otras partes) no mejoró significativamente con la radioterapia inmediata después de 10 años, y la radioterapia tampoco tuvo ningún efecto sobre las tasas de diseminación cancerosa distante a 10 años o en la supervivencia general.

   En un comentario vinculado, Jason A. Efstathiou, del Massachusetts General Hospital en Boston, discute si hay suficientes pruebas para discernir quién debe y quién no debe recibir radioterapia después de la cirugía y cuál es el mejor momento para iniciar el tratamiento. "En última instancia, la decisión de tratamiento necesita una aportación multidisciplinaria. Cuando la cirugía probablemente no ha curado a un paciente, los datos prospectivos todavía apoyan la radiación postoperatoria. La responsabilidad recae entonces en el equipo de uro-oncología para discutir la radiación posoperatoria con el paciente, el calendario óptimo de iniciación cuando se utiliza, o para proporcionar una justificación cuando no se hace".

Europa Press

Crean un nuevo dispositivo para tratar el desprendimiento de retina

La Universidad Politécnica y la Autónoma de Madrid y el Hospital Universitario Ramón y Cajal han creado un dispositivo para tratar el desprendimiento de retina, que utiliza micropartículas magnéticas para los desgarros de la membrana más interna del ojo. Esta herramienta, probada hasta ahora sólo en animales (conejos), recibió el premio a la mejor innovación en el XII Congreso Internacional Euretina, celebrado el pasado mes en Milán.
El dispositivo, con imanes y nanopartículas magnéticas, actúa en la última etapa de la operación para recomponer la retina.

Hasta ahora, la forma más frecuente de corregir y terminar con el desprendimiento de retina, una de las patologías oftalmológicas más frecuentes, era la realización de una vitrectomía.
En este procedimiento quirúrgico se extrae el humor vítreo -líquido gelatinoso que cuando se endurece provoca el desprendimiento de retina- y se sustituye por otro líquido.

Esto se acompaña de la inyección de silicona o ciertos gases para taponar el desgarro (hueco) provocado por el desprendimiento.

La silicona actúa presionando la retina reconstituida contra la pared ocular, lo que requiere, para que sea eficaz, que el paciente tenga que colocar la cabeza de un determinado modo durante mucho tiempo, lo que en muchas ocasiones es un inconveniente.

El objetivo del nuevo dispositivo es evitar que el paciente soporte posturas incómodas.
Según ha explicado a Efe José Javier Serrano, uno de los creadores del dispositivo, con el nuevo método se sustituye la silicona por un fluido que lleva en suspensión nanopartículas magnéticas, que son atraídas por un imán.

El fluido se inyecta en el ojo, lo que provoca que uno y otro se atraigan y se selle así el hueco inicial dejado por el desprendimiento de retina.

El dispositivo ya está patentado en España y se está en trámites para hacerlo en EEUU y la UE. El objetivo, según Serrano, es poder probarlo en humanos, para lo que están buscando financiación.

LaRazon.es

Desarrollan una tecnología que predice la metástasis en cáncer de mama

Investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge  (Idibell), en Barcelona, informaron este jueves de que han desarrollado  una tecnología que predice la metástasis en cáncer de mama. Esta nueva técnica recibe el nombre de ‘microespectroscopía de  Raman’ y permite identificar el fenotipo metastásico de las células  de cáncer de mama a partir de su perfil lípido.       

Según explicó la coordinadora del estudio y miembro del grupo Claves  Biológicas del Fenotipo Invasivo y Metastásico de Idibell, Angels  Sierra, el análisis se basa en la caracterización del componente  lipídico de las células, que es indicativo de su malignidad. Este  fenómeno ha permitido desarrollar un clasificador para discriminar  las células con capacidad para inducir metástasis.         

La caracterización de los lípidos asociados a malignidad, continuó  Sierra, ha sido posible gracias al desarrollo tecnológico de la  espectroscopia de Raman junto a la versatilidad que ofrecen los  modelos experimentales de cáncer de mama.        

Asimismo, agregó que “hemos analizado los componentes principales  y,  parcialmente, los menos discriminantes para evaluar el perfil  diferente de la composición lipídica de las células del cáncer de  mama. Generamos un modelo de clasificación que segregó células  metastásicas y no metastásicas y pudimos comprobar que el algoritmo  para la discriminación de la capacidad metastásica es un primer paso  hacia la estratificación de las células de cáncer de mama utilizando  esta herramienta rápida y sin reactivo”.       

Mediante este análisis citológico, los investigadores han encontrado  una correlación entre la activación de la lipogénesis (la reacción  química que da lugar a los ácidos grasos en un organismo) y la  cantidad de lípidos saturados en las células metastásicas que  indicaría un peor pronóstico de la enfermedad y una menor  supervivencia.        

La investigadora concluyó que “los resultados de este proceso  sientan las bases para introducir esta nueva técnica en el diagnóstico  citológico de rutina, que podría hacerse extensivo en un futuro al  diagnóstico de otros tumores”.

LaRazon.es